viernes, 2 de enero de 2026

América Latina 2025: el péndulo a la derecha y el acecho de Trump

 

El presidente Trump se reunió con el presidente Milei en Washington el 22 de febrero de 2025. 

América Latina 2025: el péndulo a la derecha y el acecho de Trump

El triunfo de la agenda securitaria y la intervención de Donald Trump ha marcado el año en América Latina.
Gerardo Szalkowicz (El Salto diario) Buenos Aires (Argentina) 31 dic 2025 06:00Desde que el llamado “ciclo progresista” comenzó a agotarse más o menos por 2015, América Latina vive una etapa de volatilidad e inestabilidad en sus gobiernos, sin una hegemonía clara de ningún campo político. En este marco de oscilación permanente (salvo excepciones como México o El Salvador), el 2025 cierra con el péndulo balanceado hacia la derecha, con cuatro elecciones presidenciales ganadas por las fuerzas conservadoras. Un año marcado a fuego por la ofensiva recolonizadora de Trump y la intervención militar directa en la región después de 36 años.

Los votos y las botas

El año electoral latinoamericano arrancó en Ecuador, donde el 13 de abril se anunció la reelección de Daniel Noboa 11 puntos arriba de Luisa González, la candidata del correísmo.

Apalancado por la prensa hegemónica y el poder económico, Noboa, hijo del empresario más rico del país, logró validar su gestión militarista neoliberal pese sus magros resultados frente al crimen organizado, que en pocos años transformó al país en el más inseguro de la región. El proceso tuvo infinidad de irregularidades y abusos de poder por parte del presidente, pero la oposición careció de fuerza social para sostener las denuncias de fraude.

Las urnas en Bolivia marcaron la partida de defunción formal del “proceso de cambio” iniciado en 2006 con la irrupción del primer presidente indígena

La deriva autoritaria de Noboa encontró un freno en la consulta popular de noviembre, cuando el pueblo ecuatoriano rechazó sus cuatro propuestas, entre ellas la de restablecer las bases militares estadounidenses.

Las urnas en Bolivia marcaron la partida de defunción formal del “proceso de cambio” iniciado en 2006 con la irrupción del primer presidente indígena. La guerra fratricida entre Evo Morales y su sucesor Luis Arce decantó en la autodestrucción del proyecto que más había avanzado en el ecosistema del progresismo latinoamericano en este siglo.

Con el MAS fracturado en varios pedazos, una prolongada crisis económica y Evo proscripto llamando a la abstención, la mesa quedó servida para el regreso de las élites. El 19 de octubre, Rodrigo Paz Pereira, calificado como de centro-derecha, le ganó el balotaje al referente de la ultraderecha Jorge ‘Tuto’ Quiroga proponiendo un “capitalismo para todos”. El hijo del exmandatario Jaime Paz Zamora debutó en la presidencia recomponiendo las relaciones con EEUU y quitando los subsidios a los combustibles, lo que generó las primeras protestas que auguran un nuevo ciclo de conflictividad social.

La corriente de ultraderecha logró sumar otro sillón presidencial el 14 de diciembre en Chile, con la aplastante victoria en segunda vuelta de

La otra clave fue la gran decepción que significó el gobierno de Gabriel Boric, que no aplicó ninguna reforma estructural ni supo estar a la altura de las expectativas generadas tras el estallido social de 2019.

El año electoral cerró en Honduras con el escrutinio más polémico. El CNE eligió el 24 de diciembre para anunciar, 24 días después de los comicios, el triunfo de Nasry ‘Tito’ Asfura apenas 26 mil votos por sobre Salvador Nasralla. El eterno conteo de votos estuvo marcado por interrupciones, fallas en el sistema y denuncias de inconsistencias en miles de actas.

Nasralla denunció “una grave traición a la voluntad popular y un “asesinato a la democracia”, mientras que la candidata oficialista, Rixi Moncada, coincidió en que “la proclama del ‘presidente electo’ es un fraude y una imposición extranjera”. Incluso uno de los integrantes del CNE, Marlon Ochoa, apuntó contra sus colegas y alertó: “EEUU y las élites aliadas del crimen organizado quieren un presidente que responda a sus intereses, no importa que surja de un golpe de estado electoral”.

La injerencia explícita de Trump jugó también en las urnas argentinas, donde el espaldarazo previo a Javier Milei fue determinante para la victoria de su partido en la elección de medio término

Todas las miradas apuntan al Norte. “El único verdadero amigo de la libertad en Honduras es 'Tito' Asfura. Podemos trabajar juntos para luchar contra los narcocomunistas”, había dicho Trump días antes de la votación y amenazó con recortar la ayuda al país. Acto seguido, indultó al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández (del partido de Asfura), condenado en EEUU a 45 años por narcotráfico.

Al margen del controversial desenlace, abre muchas preguntas el duro revés del progresista partido Libre, que quedó en tercer lugar, más de 20 puntos abajo, tras cuatro años en el gobierno con Xiomara Castro.

La injerencia explícita de Trump jugó también en las urnas argentinas, donde el espaldarazo previo a Javier Milei fue determinante para la victoria de su partido en la elección de medio término.

Claves del repunte derechista

“Estamos en un cuadro de gran inestabilidad política, donde los oficialismos de cualquier signo tienen mucha dificultad para mantenerse en sucesivos gobiernos, salvo algunos casos a contracorriente como México o El Salvador”, señala el periodista y analista internacional Marco Teruggi.

Más allá de particularidades locales, parece haber un punto neurálgico en la dinámica regional: el auge del crimen organizado y su metástasis hacia el sur del continente. Un tópico en el que las derechas se mueven como pez en el agua, al menos en lo discursivo, y en el que los progresismos carecen de horizontes propositivos.

Teruggi destaca que “las derechas han logrado conectar e imponer una serie de agendas de tipo securitarias, de tipo económicas o de tipo anti migrantes, de marcos de interpretación conservadores”. Y agrega otro factor de relevancia: “Y han tenido mayor capacidad de unidad política, han logrado un campo sumamente articulado”. De la mano de este último punto, aparece el dilema de la renovación de liderazgos, con tensiones internas que resultaron traumáticas (Bolivia, Ecuador, Argentina) o el caso de Brasil donde Lula volverá a presentarse a sus 80 años.


Sobre estos límites, Teruggi menciona también “la incapacidad de llevar adelante las agendas prometidas. Ante una derecha mucho más avasallante, mucho más segura hacia dónde quiere ir, las desuniones, las frustraciones y las desilusiones son algunas claves de las derrotas del progresismo”.

Tal vez el signo de época más preocupante sea que, mientras las derechas se radicalizan y expresan la rebeldía al status quo, los progresismos aparecen a la defensiva, como fuerzas administradoras del orden. Álvaro García Linera habla de “una huelga de ideas, una parálisis cognitiva”. Y lo llama “progresismo desteñido”.

En tiempos de tanta insatisfacción con la democracia, esa falta de audacia, de creatividad, de proyecto de futuro que despierte entusiasmo en las grandes mayorías, junto a fracasos en la gestión, terminaron abriendo paso a personajes neofascistas como Milei o Kast.

A la reconquista del “patio trasero”

Si bien nunca cesó la injerencia estadounidense en la política latinoamericana, el 2025 fue el año del regreso de “la diplomacia de las cañoneras”, de la intervención militar directa 36 años después de la invasión a Panamá. 

Ocho buques de guerra, dos destructores, un submarino nuclear, decenas de aviones de combate, bombarderos B-52, unos 8.000 marines y el Gerald Ford, el portaaviones más grande del mundo; un cuarto de la flota naval de la principal potencia militar desplegadas en las aguas del Caribe, cerca de las costas venezolanas.

Con el pretexto de combatir al narcotráfico, en los últimos meses EEUU bombardeó 29 lanchas (también en el Pacífico) y asesinó extrajudicialmente a 104 personas, sin presentar ni una prueba, sin ningún proceso judicial, violando completamente el derecho internacional. En las últimas semanas desnudó uno de sus verdaderos objetivos con el bloqueo al petróleo venezolano y el secuestro de buques cargueros.

A principios de diciembre, la Casa Blanca blanqueó con palabras lo que venía mostrando en los hechos. Presentó la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 con un título elocuente: El Corolario Trump de la Doctrina Monroe (presidente estadounidense que en 1823 básicamente planteó que el continente americano les pertenecía). Con la prepotencia de un emperador, Trump se atribuye, sin eufemismos, el dominio total de la región: “Tras años de abandono, EEUU reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restablecer la preeminencia estadounidense en el Hemisferio Occidental y proteger nuestro territorio nacional pero también para tener acceso a zonas geográficas clave en toda la región”. 

“La presión extrema [de EEUU] busca alinear políticamente al continente y frenar el avance de China, que es primero y segundo socio comercial de casi todos los países de América Latina”

Leandro Morgenfeld, historiador y especialista en la política exterior estadounidense, explica que en ese documento “EEUU reconoce que ya no tiene las capacidades que supo tener tras la posguerra fría de ser el hegemón y el gendarme planetario, y plantea una suerte de vuelta a áreas de influencia donde el hemisferio occidental es su zona de despliegue privilegiada”.

La estrategia es nítida: en un contexto global de transición hegemónica hacia un orden multipolar, EEUU decide replegarse en lo que siempre consideró su “patio trasero”. Morgenfeld señala que “este ataque contra todos los gobiernos no alineados tiene mucho más de garrote que de zanahoria. Una presión extrema que busca alinear políticamente al continente y frenar el avance de China, que es primero y segundo socio comercial de casi todos los países de América Latina”.

El texto de la Casa Blanca lo admite explícitamente: “Negaremos a los competidores no-hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio”.

La mira principal apunta al cambio de régimen en Venezuela, por tener la primera reserva de crudo mundial (Trump llegó al delirio de decir que el petróleo venezolano le pertenece a EEUU) y por ser el gran aliado de sus enemigos. Pero el objetivo es el control de los recursos naturales de toda la región. A México lo amenazó con invadir militarmente con la excusa de los cárteles y cambió el nombre del Golfo de México; a Gustavo Petro lo incluyó con Maduro en su lista fantasiosa de líderes narco y puso a Colombia también bajo posible ataque; a Brasil le quiso subir los aranceles al 50%, pero la cintura diplomática de Lula logró revertir la extorsión. Justamente los gobiernos que menos se subordinan a sus designios.

“Lo que vemos es una militarización de la política exterior, una vuelta a lo que fue la aplicación de ‘el gran garrote’ con Roosevelt a principios del siglo XX”

Claro que también tiene su ejército de vasallos, con Milei, Noboa y Bukele a la cabeza. Y varias islas caribeñas (como Dominicana o Puerto Rico) que utiliza como bases militares. “Lo que vemos es una militarización de la política exterior, una vuelta a lo que fue la aplicación de ‘el gran garrote’ con Roosevelt a principios del siglo XX, la idea de la automanifestación de EEUU de intervenir en cualquier país para defender sus intereses”, asegura Morgenfeld.

La ofensiva recolonizadora de Trump avanza mientras siguen paralizados los procesos de integración latinoamericana y los pocos líderes que se le plantan lo hacen de forma aislada. Las elecciones en Brasil y Colombia en 2026 serán determinantes para amortiguar el proyecto trumpista de dominación total de la región. Lo que está en juego es, ni más ni menos, que la soberanía de América Latina y el Caribe.

jueves, 1 de enero de 2026

2025: el año que América Latina vivió bajo amenaza

 

2025: el año que América Latina vivió bajo amenaza

El año se va y deja un tendal de hechos en la región que dan cuenta del nivel de avanzada de Trump sobre el continente y una amenaza persistente a la soberanía regional. El objetivo es impedir la expansión comercial de China en la región y lograr que sean cada vez más los países alineados a los propósitos de Estados Unidos. Intervencionismo, democracia y resistencias componen el tenso mapa de América Latina. Para analizarlo, conversamos con el historiador Leandro Morgenfeld, el sociólogo Juan Gabriel Tokatlian y la activista feminista chilena Karina Nohales.

Durante 2025, Donald Trump, demostró que está decidido a intervenir en diferentes aspectos sobre la vida política de los países de la región. Este año hemos visto una sucesión acelerada de hechos perpetrados desde Washington hacia todo el continente y, particularmente sobre, América Latina. Este accionar está en buena medida caracterizado por la impronta impredecible del presidente de Estados Unidos, que funciona un poco como estrategia y otro poco como rasgo de personalidad.

Enumerar estos hechos podría ser una tarea demasiado ardua y aburrida, pero recordemos algunos para intentar dimensionar el escenario: la reivindicación del Canal de Panamá como propiedad de Estados Unidos; la idea de anexar Groenlandia y Canadá; el cambio de nombre del Golfo de México por Golfo de América; la militarización de la frontera con México; la imposición de aranceles a modo de sanción a diferentes países; la macabra exhibición de la política antimigratoria y las deportaciones masivas; la incidencia directa sobre procesos electorales como sucedió en Honduras donde finalmente se consagró presidente Nasri Asfura, el candidato de Trump, y en Argentina cuando a días de la última elección Trump le confirmó a Javier Milei respaldo económico y político. “Usted va a ganar la elección. Vamos a respaldarlo hoy, respaldarlo completamente”, pero también le advirtió que “si pierde, no vamos a ser tan generosos con Argentina”. Esto último, influyó sobre una parte del electorado que ante la escasez de reservas y la disparada del precio del dólar veía armarse la tormenta perfecta para una nueva crisis económica.

Por último, la decisión de la Casa Blanca de iniciar una serie de ejecuciones extrajudiciales de aproximadamente 100 lancheros en aguas del Caribe y el Pacífico acusados de cometer delitos vinculados al narco terrorismo. Y, sin dudas, uno de los actos más confrontativos fue la intervención militar en las costas de Venezuela desplegando tropas y el mayor portaaviones de las fuerzas estadounidenses adjudicándose el petróleo del territorio venezolano como propiedad estadounidense.

Se trata de “una política extremadamente injerencista porque Estados Unidos ya no puede a nivel global dominar como antes, ejercer una hegemonía y un dominio global como lo hacía al inicio de la posguerra fría y se está recostando en lo que ellos llaman el hemisferio occidental o, en términos más coloquiales y despectivos, el patio trasero de Estados Unidos”, afirmó el historiador  e investigador CONICET Leandro Morgenfeld.

Estos hechos cobran mayor relevancia a partir de la publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional publicada por la Casa Blanca. Allí Washington define este documento como “el corolario Trump” de la Doctrina Monroe. Es decir, una versión actualizada del documento que en 1823 declaró a América Latina como “el patio trasero” de Estados Unidos, mientras este se arrogaba la injerencia sobre la región. Doscientos años después, la administración Trump define que debe impedir la expansión y consolidación comercial de China en América Latina y para eso, se adjudica la potestad de intervenir en la política, la justicia, la economía y los territorios de los países de la región con acciones como las enumeradas.

“(Norte)América First”

Estados Unidos primero, es una idea rectora de la Estrategia de Defensa Nacional que declaró a China como su principal amenaza al tratarse del principal socio comercial de América Latina. Implica una política a punta de garrote o, en palabras del sociólogo Juan Gabriel Tokatlian durante el Webinario Regional sobre Militarización organizado por el CELS,“es una lógica de dominación, de imposición, de sometimiento y subordinación a la región que no habíamos conocido en otros momentos”. Este escenario se despliega aceleradamente mientras en América Latina las ultraderechas se convierten en opciones electorales como sucedió en Ecuador, Bolivia, Argentina y recientemente en Chile. 

“El documento de la Estrategia de Seguridad Nacional es inédito para América Latina, a mi modo de ver, nos va a llevar no a la vieja doctrina de seguridad nacional, sino a una nueva doctrina de inseguridad continental. Todo lo que proviene de América Latina es un problema para Estados Unidos y no lo puede lograr de manera fácil en la región. Con lo cual, me parece que el componente de mano dura, más coercitivo y punitivo es el que va a seguir aplicando”. Por eso, Tokatlian sostiene que además, la creación del “nuevo comando Western Hemisphere Comand significa atar la seguridad nacional de Estados Unidos a la seguridad continental”. En este sentido, el profesor de la Universidad Di Tella advirtió que “el uso de la fuerza en la región es un problema mayúsculo porque hay muchos gobiernos que comparten la lógica de la acción de los Estado Unidos y veo que las voces críticas son pocas y reducidas, casi se ha concentrado todo en Colombia y Brasil. Aún México ha bajado el tono de su malestar inicial con las acciones”. 

Los desalineados

El contrapeso viene marcado por tres de las cuatro economías más grandes de la región, estamos hablando de México, Colombia y Brasil, países no alineados a Estados Unidos. En Colombia y Brasil, Trump intentó intervenir en la política y la justicia, en ambos casos por fallos judiciales adversos a expresidentes como Álvaro Uribe y Jair Bolsonaro, ambos dirigentes de la ultraderecha y con una gran afinidad política con el mandatario estadounidense.

Estos tres países “han tenido distintos tipos de conflictos con el gobierno de Trump ya que, justamente expresan otro tipo de inserción internacional. Los tres gobiernos han mantenido y mantienen políticas soberanas y de defensa de la autodeterminación de los pueblos y de América Latina como una zona de paz. Los tres países que tienen vínculos económicos muy fuertes con Estados Unidos y entienden que la única posibilidad de tener un desarrollo, una política exterior y una inserción internacional más soberana es diversificando las relaciones, es vinculándose con otros países del sur global, con otros emergentes, con el grupo BRICS, con Asia Pacífico que es el motor de la economía mundial y esto llevó a Estados Unidos a tener una política de mucha confrontación, sobre todo con el gobierno de Petro en Colombia, señaló Leandro Morgenfeld

El historiador también advirtió que“con el gobierno de Lula ahora están retomando las negociaciones y el diálogo bilateral, pero recordemos que Estados Unidos avanzó con amenazas directas contra el gobierno de Brasil y por la decisión de la Corte Suprema de condenar a Bolsonaro le impusieron aranceles extraordinarios del 50%. La posición de Lula fue muy firme en la defensa de la soberanía de Brasil, logró torcerle el brazo a Trump, se levantaron esas sanciones y además, Lula subió en las encuestas por esta política de defensa soberana de Brasil”. Es un sondeo prematuro pero para no desestimar ya que Lula está decidido a renovar su mandato el año próximo, mientras los diputados bolsonaristas buscan reducir la condena efectiva del ex presidente por trámite legislativo. Bolsonaro no podrá presentarse como candidato en 2026 y todavía no suena con fuerza quién será el representante del bolsonarismo.

En el caso de Colombia, son múltiples la amenazas contra la gestión, incluso al presidente Petro a quien le revocaron la visa a Estados Unidos por manifestarse en New York en contra del genocidio contra el pueblo palestino. Colombia está en la mira de Trump y le advirtió que “Pronto será el siguiente. Espero que esté escuchando”, al referirse al mandatario colombiano por haber cuestionado la intervención a Venezuela. Colombia también tendrá elecciones presidenciales en 2026, allí Iván Cepeda, un histórico referente de la política y los derechos humanos, disputará la presidencia liderando la lista de unidad de la izquierda y el progresismo en el Pacto Histórico. Del otro lado, una vez más, las alianzas de ultraderecha comandadas por el uribismo.

La democracia en la región

La última postal electoral de este año viene de Chile donde por un 58% en segunda vuelta se consagró el regreso al poder de un heredero del pinochetismo. La activista feminista chilena e integrante de la Coordinadora 8M, Karina Nohales caracterizó el acontecimiento en estos términos “Chile vive un momento marcado por la recomposición del consenso neoliberal y por la instauración de un consenso xenófobo entre las fuerzas políticas institucionales”. Esta caracterización se representa en la figura del presidente electo, José Antonio Kast, cuyo primer gesto político fue viajar al día siguiente de la elección a Buenos Aires para posar con su par argentino junto a la motosierra, emblema político del achicamiento del Estado, el ajuste económico y la violencia de la gestión de Javier Milei. Antes de cruzar la cordillera, Kast se encargó de decirle a la población que implementaría un plan de shock y que, desde luego, dolerá. Mientras tanto, sus votantes celebraban el resultado con retratos en alto del dictador Augusto Pinochet. En términos ideológicos, se espera que Chile quede alineado detrás de las directivas de Trump, del mismo modo que Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay y Argentina en el Cono Sur.

Efectivamente, hay un avance muy fuerte de las ultraderechas, primero fue en Estados Unidos con Trump, después con Bolsonaro, luego con Milei, con Bukele en El Salvador, y estamos viendo ahora en el caso de Chile, de Ecuador y en Honduras avances electorales muy importantes. Creo que hay una crisis muy fuerte de lo que se llamaría las democracias liberales o las repúblicas como funcionaban en los últimos años, es decir, unos sistemas políticos que no redundaron en mejoras en la calidad de vida de las poblaciones sino todo lo contrario. América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo, una región que enfrenta situaciones económico sociales muy complejas, que tiene un saldo migratorio negativo, es decir, atraviesa distintas problemáticas muy importantes, algunas estructurales, señaló Morgenfeld. El historiador también hizo énfasis en cierta “imposibilidad de los gobiernos social demócratas, progresistas, en algunos casos gobiernos de izquierda para superar esta dependencia estructural, estos problemas de desarrollo, hizo que este descontento social fuera capturado por supuestos outsiders que vienen con propuestas de ultraderecha y han desplazado a las derechas tradicionales que fueron parte también de los gobiernos en muchos países de la región en los últimos años. Han sido muy astutos en presentarse como opciones que venían de afuera de lo que en Argentina se llamó la casta y que lograron capturar parte de este descontento”. 

Pensando a partir de la última elección en Chile, Karina Nohales plantea que  “este consenso se sostiene en la derrota del movimiento social y de las amplias fuerzas populares que irrumpieron en 2019 en el estallido social. Los sectores activistas y organizados experimentan un reflujo significativo, y los sectores populares no organizados que se involucraron en la revuelta atraviesan, una vez más, una defraudación de las expectativas de cambio en un país en que las profundas desigualdades estructurales se siguen manteniendo intactas tras un largo ciclo de luchas antineoliberales”.

La particularidad del caso chileno es que “el avance social de la ultraderecha ha sido sostenido en los últimos años en Chile. No se trata en este caso de una nueva derecha, sino de la vieja derecha pinochetista, ultraconservadora, ultrarreligiosa y ultraneoliberal, cuyo programa y cuya receta conocemos bien. Sin embargo, hoy adquiere una entidad mayor -con el triunfo presidencial de José Antonio Kast- al llegar al gobierno por primera vez mediante las urnas, con el voto de amplios sectores populares, en un contexto internacional marcado por el avance de fuerzas de extrema derecha y con una centralidad programática además puesta en la restauración patriarcal sobre las vidas y cuerpos de mujeres, disidencias, niñeces, persona migrantes y racializadas”, destacó Karina Nohales que, en sintonía con lo que planteado por Morgenfeld sostiene que “el progresismo gobernante no logró consolidarse en ese sentido, pues apostó por recomponer la normalidad neoliberal impugnada. Se abre un momento plagado de peligros. El mayor de ellos, en mi opinión, es que la reacción logre en este ciclo constituirse orgánicamente como movimiento social más allá de la esfera institucional”. 

Desafíos para una región en disputa

El próximo año Brasil y Colombia, dos de los desalineados, irán a elecciones presidenciales. En ambos países estará en juego en buena medida la soberanía democrática ante la injerencia creciente de Estados Unidos, y en términos locales, para ambos se medirá la capacidad de hacerle frente al regreso de sus ultraderechas al poder, esta vez acompañadas por un tono de época a nivel mundial. En el caso de Colombia, el gobierno de Petro es una excepción en una larga sucesión de gobiernos de derecha, y en Brasil aunque con Bolsonaro preso, habrá que ver las posibilidades del bolsonarismo y cuál será el candidato que pueda competir con Lula. 

“Creo que el desafío para las fuerzas del campo nacional, popular, progresistas, de izquierda es dejar de actuar solamente de forma defensiva frente a estos asedios que sufren las democracias de la región y plantear cuál es un proyecto de emancipación regional y nacional en cada caso que redunde en mejoras en las condiciones de vida de la mayor parte de la población, sino América Latina va a estar signada a ser cada vez más periférica desde el punto de vista de su inserción económica internacional y con sociedades cada vez más desiguales, y por lo tanto, cada vez con más conflictos sociales, más violencia, más exclusión, más problemas de migraciones, entre otros temas”, afirmó Leandro Morgenfeld

A partir de las últimas elecciones en Chile y de este proceso de avanzada electoral de las ultraderechas que han logrado hacerse del voto popular, Karina Nohales señala que “el hecho es que muchas de las personas que hoy han dado su voto a Kast salieron a la calle en 2019, durante el estallido social, con una clara impugnación a lo existente. Es importante recordarnos que en una proporción importante lxs votantes actuales son esas mismas personas, porque aunque la idea parezca desmoralizante -y en parte lo es- nos muestra que las mayorías sociales no nacen, viven y mueren siempre con las mismas ideas. La conciencia política no está hecha de acero: es un territorio de disputa. Esa disputa atraviesa hoy una fase reaccionaria, pero de ninguna manera un cierre definitivo”. 

Para la integrante de la Coordinadora Feminista 8M de Chile, comprender esto forma parte de comenzar a desplegar una pedagogía antifascista que pueda hacerle frente a este periodo sin entenderlo como un cierre consumado, sino como una disputa abierta.“Es un momento muy adverso dentro de un ciclo más largo en el que tenemos un rol que jugar. Este rol es, entre otras cosas, pedagógico: estar ahí -sin sectarismo- cuando comience el desencanto de sectores que han votado Kast, exponer en la práctica el carácter regresivo de las propuestas del gobierno electo.

La tarea que las organizaciones populares tienen por delante en Chile para los próximos cuatro años puede darnos algunos indicios para pensar y poner en práctica las complejas tareas del presente ante un escenario tan adverso en diferentes países. “Agrupar y activar la movilización de los sectores organizados; no distanciarnos de quienes, desde la precariedad, el descontento y el miedo han dado su voto a Kast -contra ellxs Kast dirigirán con especial saña sus políticas: trabajadorxs pobres, pobladoras asediadas por el narco, personas migrantes y familias desalojadas de tomas y campamentos, etc-; articular un oposición a la vez amplia, pero autónoma de los partidos progresistas que han contribuido, de múltiples formas, a allanar el avance del fascismo”. 

Por último, es sabido que si algo tienen en común estas ultraderechas actuales es su profundo desprecio por los feminismos y la comunidad LGTBIQA+. Muchos países de nuestra región ya tienen la experiencia de los transfeminismos en las calles, en organización y lucha. La experiencia es una herramienta de resistencia y de construcción de un destino común. Este 2025 comenzó en Argentina con una multitudinaria movilización de Orgullo Antifascista Antirracista que se replicó en diferentes ciudades y se hizo escuchar. En este sentido, tal como lo señala Karina Nohales, “el rol del feminismo es clave, no solo por la innegable fuerza internacional e internacionalista que ha encarnado el movimiento en la última década, sino también porque, en tiempos reaccionarios, corremos el doble peligro de que, ante el avance la extrema derecha, ganen terreno las ideas y corrientes conservadoras al interior de la izquierda. Sabemos que existen fuerzas que responsabilizan a luchas feministas, a las luchas LGBTQIA+, a las luchas indígenas, ambientalistas, pro migrantes, antirracistas, del avance del fascismo. Necesitamos una oposición amplia que no retroceda, una oposición de las migrantas, de las racializadas, de las lesbiana, de las trans y travestis, de las desalojadas de las tomas de terreno y de todas las demás. Lo que ocurre hoy en Chile está ocurriendo también en Argentina, en Brasil, en Estado Unidos y más allá. En este contexto, el diálogo internacionalista entre las diversas experiencias de resistencia resulta fundamental”.

lunes, 22 de diciembre de 2025

El declive de Estados Unidos y la agresividad de Trump contra Nuestra América

 

Bajo la actual administración republicana, Washington intenta tomar medidas que le permitan recuperar su hegemonía global. Sin embargo, estas iniciativas parecen acelerar un proceso que marcha en el sentido inverso.

Por Leandro Morgenfeld – UBA-CONICET

Revista De frente al futuro, diciembre 2025 

En este segundo mandato iniciado en enero pasado, Donald Trump tiene más poder político que en el primero porque ganó con el voto popular –que había perdido en 2016–; doblegó al Partido Republicano depurando a la mayoría de quienes lo resistían; controla ambas cámaras del Congreso y dispone de una Corte Suprema ultraconservadora, gracias a los tres magistrados que nominó en su presidencia anterior. 

Sin embargo, en la actualidad, Trump gobierna un Estados Unidos más débil, que va siendo relegado, sobre todo desde el punto de vista económico, pero también tecnológico, político y monetario, por China, Rusia y otros miembros del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, ahora ampliado a BRICS+, con la incorporación de cinco nuevos países) y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), fundada en 2001. Analizamos en este artículo si la ofensiva unilateral de Trump está logrando ralentizar, frenar o revertir la transición geopolítica mundial o bien, por el contrario, la acelera aún más.

Estados Unidos, hasta ahora la principal potencia económica y militar, aunque en un proceso de acelerado declive geopolítico, enfrenta en los últimos años una serie de crisis interconectadas que fueron debilitando su estructura económica y social. Desde el aumento de la pobreza y la indigencia hasta la epidemia de opioides, pasando por el colapso del sistema de salud pública y el masivo endeudamiento estudiantil, el país vive una etapa de creciente desigualdad y descontento social, el sustrato que explica la polarización política e ideológico-cultural. Trump es un emergente de esa frustración y descontento y, paradójicamente, puede acentuar todos los problemas que atraviesa el tejido social estadounidense, que muestra indicadores más propios de un país en desarrollo que de una potencia. El aumento de la violencia política hace que cada vez más analistas caractericen la situación como una pre-guerra civil.

El anuncio de una nueva escalada en la guerra comercial por parte de la administración Trump, a principios de abril, que provocó una conmoción en los mercados globales, no debe entenderse como un hecho aislado, sino como un episodio más dentro de un proceso de larga data: la aceleración de la transición hegemónica global, de un mundo unipolar hacia otro cada vez más multipolar. Este fenómeno, que analizamos a fondo junto a Gabriel Merino en nuestro libro Nuestra América, Estados Unidos y China, se ha intensificado a lo largo de las últimas dos décadas y ha devenido en lo que podríamos caracterizar como una Guerra Mundial Híbrida y Fragmentada.

Ante la evidente crisis del orden internacional surgido en la posguerra fría, y frente a un presente marcado por un caos sistémico que recuerda, en algunos aspectos, al período 1914-1945, es necesario repensar los desafíos de Nuestra América no como si la región fuera un mero objeto de disputa entre grandes potencias, sino como un actor con capacidad propia de decisión. Lejos de adoptar los marcos analíticos del Norte Global, desde nuestra perspectiva, urge considerarla como un actor con agencia, que debe forjar su propia perspectiva estratégica en este escenario convulso. 

Nuestro propósito es contribuir al desarrollo de un pensamiento geopolítico y estratégico autónomo desde el Sur Global, crítico con las narrativas hegemónicas —como la antinomia “democracias vs. autocracies” promovida por el Occidente geopolítico— que suelen reproducir dependencias intelectuales incluso desde sectores progresistas. Desde nuestra mirada, esta transición puede interpretarse, en cambio, como un proceso contestatario de democratización real del sistema mundial, una puja por redistribuir el poder y la riqueza concentrados durante siglos en una minoría. Para el Sur Global y para Nuestra América en particular, este escenario presenta riesgos enormes, pero también constituye una oportunidad histórica sin precedentes para redefinir su lugar en el mundo.

Trump 2 y sus iniciativas para frenar el declive

Desde su regreso a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025, Donald Trump buscó relanzar la promesa de “hacer grande otra vez a Estados Unidos” con una agenda de políticas internas y externas que, en su lógica, permitirían revertir la pérdida de influencia global de Washington. Sin embargo, esa agenda, que combina nacionalismo económico, proteccionismo, desdén por el multilateralismo y presión directa sobre aliados y competidores, lejos de consolidar la posición estadounidense en el sistema internacional, está contribuyendo a acelerar su declive relativo.

En el terreno multilateral, uno de los primeros gestos del gobierno de Trump fue anunciar la revisión de todos los compromisos internacionales de Estados Unidos. Se suspendieron aportes a diversos organismos, incluidos los de Naciones Unidas, con el argumento de que el país no debía seguir financiando estructuras burocráticas que limitaban su autonomía. En el caso de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el retiro de fondos se produjo en las primeras semanas de gobierno, retomando una iniciativa ya ensayada en el primer mandato. 

Trump sostuvo que el sistema multilateral estaba “capturado” por intereses contrarios a los estadounidenses, lo cual justificaba un repliegue hacia fórmulas bilaterales, más manejables desde la óptica de la Casa Blanca. Este desdén por el multilateralismo impactó también en la Organización Mundial del Comercio (OMC), a la que la administración dejó prácticamente paralizada, bloqueando la designación de jueces en su órgano de apelaciones e imponiendo condiciones unilaterales a sus socios comerciales.

El frente económico-comercial fue quizás el más emblemático del nuevo giro. Trump desplegó un programa de incremento de aranceles a productos industriales y agrícolas, bajo la consigna de defender a los trabajadores estadounidenses. La eliminación de la exención aduanera para envíos de bajo valor afectó directamente al comercio electrónico internacional, encareciendo miles de productos de consumo masivo. Al mismo tiempo, la Casa Blanca impulsó una política activa de subsidios a sectores considerados estratégicos, como la industria del acero, la automotriz y la producción de energía fósil. Se retomaron además viejos reclamos contra países considerados “injustos” en materia de comercio, entre ellos Alemania, Japón, México y, de manera más evidente, China.

La confrontación con Beijing adquirió un carácter central. El gobierno prohibió la exportación de semiconductores avanzados, impuso restricciones a la venta de equipos de telecomunicaciones y limitó el acceso de empresas chinas a insumos y tecnologías críticas. Se amplió la lista de compañías bloqueadas, lo que afectó no solo a gigantes tecnológicos, sino también a firmas del sector energético y financiero. Washington presentó estas medidas como un modo de evitar que China acceda a tecnologías que podrían tener un uso militar, pero en realidad constituyen parte de una guerra comercial y tecnológica más amplia. Beijing respondió con represalias arancelarias sobre productos agroindustriales y con políticas de sustitución tecnológica, acelerando el proceso de desvinculación de las cadenas de suministro globales.

En paralelo, Trump intensificó la presión sobre sus aliados. A los países europeos de la OTAN les exigió incrementos inmediatos en sus presupuestos de defensa (del 2 al 5%), bajo la amenaza explícita de reducir el compromiso militar estadounidense en el continente. En Japón y Corea del Sur planteó demandas similares, condicionando la continuidad de bases militares y la venta de equipamiento avanzado a concesiones económicas. Esta estrategia, que pretendía fortalecer el poder de negociación de Estados Unidos, generó tensiones diplomáticas crecientes y alimentó, especialmente en Europa, la búsqueda de mayor autonomía frente a un socio que se muestra cada vez menos confiable.

En el plano energético, la administración promovió una expansión de la producción doméstica de petróleo y gas, flexibilizando regulaciones ambientales y autorizando perforaciones en áreas antes restringidas. Estas medidas fueron acompañadas por presiones hacia socios comerciales para que importaran energía estadounidense, en detrimento de otros proveedores. Al mismo tiempo, se cuestionaron acuerdos internacionales de lucha contra el cambio climático, reforzando la imagen de un Estados Unidos replegado sobre sus propios intereses, incluso a costa de socavar compromisos globales.

En materia migratoria, se reactivaron políticas de control fronterizo severo. Se ampliaron las deportaciones, se endurecieron las condiciones para otorgar visados y se implementaron medidas restrictivas contra estudiantes y trabajadores extranjeros, bajo la consigna de “proteger los empleos estadounidenses”. Estas decisiones deterioraron aún más la relación con México y con diversos países latinoamericanos, al tiempo que generaron resistencias internas por su impacto en sectores que dependen de mano de obra migrante. También generaron críticas de organismos de derechos humanos por el aumento del control social y la persecución contra activistas demócratas y de izquierda. 

La administración republicana también avanzó en el uso expansivo de la legislación vinculada a la seguridad nacional para intervenir en la economía. Bajo este paraguas, se bloquearon inversiones extranjeras en áreas consideradas estratégicas, se sancionó a empresas por sus vínculos con países “adversarios” y se justificaron medidas de emergencia que tuvieron efectos comerciales de gran alcance. Esta fusión entre seguridad y economía reflejó una visión del mundo en la que todo desafío económico es leído como amenaza existencial.

Las consecuencias de estas políticas no tardaron en manifestarse. Varios socios tradicionales respondieron con medidas de represalia: aranceles dirigidos contra sectores agrícolas estadounidenses, investigaciones anti-dumping sobre manufacturas y restricciones a la inversión de compañías norteamericanas en el extranjero. La Unión Europea, además, comenzó a discutir con mayor fuerza la necesidad de reducir su dependencia de Estados Unidos tanto en materia de defensa como en tecnología, aunque por ahora persiste su subordinación a Washington. En América Latina, la combinación de presiones comerciales y migratorias alimentó un clima de desconfianza hacia Washington, mientras potencias como China y Rusia aprovecharon para afianzar sus vínculos en la región.

En el plano interno, las empresas estadounidenses también acusaron el golpe. Numerosas multinacionales congelaron inversiones debido a la incertidumbre generada por la política arancelaria y la volatilidad regulatoria. Sectores como el tecnológico y el automotriz sufrieron aumentos de costos por la ruptura de cadenas de suministro, lo que derivó en despidos y en una pérdida de competitividad frente a competidores extranjeros. Aunque el gobierno exhibió algunos indicadores de repunte en sectores puntuales —sobre todo en industrias altamente subsidiadas—, el saldo general fue un aumento de la inestabilidad económica y de la percepción de que Estados Unidos se estaba aislando del resto del mundo.

La paradoja es clara: el conjunto de políticas que buscaban reposicionar a Estados Unidos como potencia indiscutida en el escenario internacional están, en los hechos, acelerando la pérdida de hegemonía. 

La paradoja es clara: el conjunto de políticas que buscaban reposicionar a Estados Unidos como potencia indiscutida en el escenario internacional están, en los hechos, acelerando la pérdida de hegemonía.

El unilateralismo, el proteccionismo extremo y la instrumentalización de la seguridad como justificación para sanciones y represalias han dañado los vínculos con socios históricos, incentivado la consolidación de alianzas alternativas y debilitado los marcos multilaterales que sostenían el liderazgo estadounidense desde mediados del siglo XX. En lugar de frenar el declive relativo, el segundo mandato de Trump lo está precipitando, generando un escenario global más fragmentado e incierto, en el que la capacidad de Washington para imponer reglas y coordinar consensos se ve cada vez más erosionada. Puede obtener algunas victorias en el corto plazo (concesiones en materia comercial, compra de hidrocarburos y armamento, compromiso de inversiones en suelo estadounidense), con su estrategia extorsiva y transaccional, pero son pírricas, en tanto horadan el liderazgo que supo ostentar Estados Unidos en los primeros años de la posguerra fría. 

Trump y Nuestra América

La política exterior de Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe atraviesa una transformación al inicio de la segunda presidencia de Trump. El declive relativo de la potencia norteamericana, visible en su pérdida de capacidad de liderazgo mundial, su crisis interna multidimensional y el ascenso de nuevos polos de poder, ha modificado profundamente las dinámicas geopolíticas hemisféricas. América Latina, históricamente tratada como zona de influencia exclusiva de Estados Unidos -su patio trasero-, se ha convertido en un espacio donde se expresa con claridad la transición de un orden global que va dejando atrás la hegemonía estadounidense de la posguerra fría y avanza hacia una configuración multipolar. 

En este contexto, la agresividad del trumpismo emerge como una reacción defensiva frente a la erosión del dominio estadounidense. El retorno de Donald Trump al centro de la escena política (Make America Great Again) representa la voluntad de recuperar una supremacía que ya no puede sostenerse sin el uso creciente de la presión, la amenaza o la injerencia directa.

La agresividad del trumpismo emerge como una reacción defensiva frente a la erosión del dominio estadounidense.

El declive relativo de Estados Unidos no implica su desaparición como potencia, pero sí evidencia que ya no ocupa el lugar incuestionado que ostentó durante la segunda mitad del siglo XX. Su poder económico sigue siendo determinante, pero enfrenta una pérdida sostenida de competitividad frente a China, que se ha convertido en el principal socio comercial de la mayoría de los países del mundo y de Nuestra América. Al mismo tiempo, la fragmentación interna, la polarización política, la crisis del modelo económico neoliberal y el desgaste de sus instituciones reducen su capacidad para proyectar estabilidad y consenso a escala internacional (la crisis del globalismo y de los supuestos valores que promovía, como la defensa de la democracia y los derechos humanos y las instituciones del multilateralismo dominando por el Occidente Geopolítica). Esta combinación de crisis externa e interna explica que, en lugar de adaptarse a un mundo cambiante, sectores importantes de la clase estadounidense respondan con nostalgia imperial y políticas agresivas, buscando imponer por la fuerza lo que ya no pueden asegurar solo con influencia. Trump plantea sus pretensiones imperiales casi sin eufemismos.

El jefe de la Casa Blanca encarna esta nueva fase. Su discurso presenta a Estados Unidos como una nación que debe defenderse de enemigos externos y de potencias emergentes que, según su narrativa, se aprovechan de la debilidad heredada de gobiernos anteriores. En esa construcción, América Latina y el Caribe ocupa un lugar estratégico: es presentada como un territorio en disputa donde Washington debe reafirmar su autoridad. Esto se traduce en una política exterior que mezcla sanciones, amenazas militares, operaciones diplomáticas encubiertas, condicionamientos económicos y una retórica basada en la deslegitimación de gobiernos que buscan diversificar alianzas o ejercer políticas soberanas que no se ajustan a los intereses de Estados Unidos. Es lo que algunos llaman la Doctrina Donroe, y yo prefiero destacar como el Corolario Trump a la Doctrina Monroe, en la que se destaca el Secretario de Estado Marco Rubio. 

La disputa geopolítica con China es un factor central para entender la política exterior trumpista y su creciente injerencismo en Nuestra América. Washington percibe que la expansión económica del gigante asiático en la región no solo erosiona su influencia, sino que amenaza la arquitectura del poder mundial que Estados Unidos edificó durante décadas. China no ofrece la clásica intervención política ni exige alineamiento ideológico; propone inversiones, créditos, transferencia tecnológica y cooperación económica. Para países latinoamericanos sometidos históricamente a la lógica de la dependencia -y a los golpes de estados, intervenciones militares y políticas de cambio de régimen-, esta alternativa resulta atractiva. Ante esta situación, la administración Trump intensificó la presión sobre gobiernos aliados para que limitaran sus vínculos con Beijing, especialmente en áreas como infraestructura estratégica, telecomunicaciones y energía. La advertencia era clara: quien fortaleciera su asociación con China corría el riesgo de enfrentar represalias económicas o políticas. La Argentina gobernada por Javier Milei es un claro ejemplo de esto.

Sin embargo, esta estrategia choca con una realidad: el peso económico chino es hoy estructural en la región. Muchos gobiernos latinoamericanos, incluso conservadores, han comprendido que su crecimiento y desarrollo dependen en gran medida de la relación con Beijing. Le pasó a Bolsonaro en Brasil, durante la primera presidencia del líder republicano. Las amenazas de Trump y su equipo no alcanzan para revertir un proceso que expresa una transformación global más profunda. Estados Unidos solo puede intentar frenar este avance mediante acciones de bloqueo, desestabilización o guerra comercial abierta, pero ya no tiene capacidad para imponer obediencia automática. Con Trump y Marco Rubio hay más garrotes que zanahorias. 

El trumpismo tampoco concibe la relación con América Latina desde una perspectiva de cooperación igualitaria. Su visión recupera el enfoque de la Guerra Fría, donde la región es pensada como una plataforma de seguridad, extracción de recursos y control político. En esa lógica, cualquier intento de mayor soberanía económica o integración autónoma se interpreta como una amenaza. Por eso, gobiernos progresistas o incluso administraciones moderadas que buscan ampliar su margen de acción han sido objeto de campañas de presión, asfixia económica o intentos de aislamiento internacional. La política estadounidense, en lugar de adaptarse al nuevo contexto, intenta restaurar el viejo orden hemisférico apelando a mecanismos cada vez más agresivos.

La política regional de Trump tuvo además una dimensión comunicacional orientada a la sociedad estadounidense. América Latina fue utilizada como ejemplo para alimentar el discurso nacionalista y antiinmigrante. Los fenómenos sociales que impactan en la región –como los flujos migratorios o las crisis políticas– fueron presentados como amenazas para la seguridad nacional. Este enfoque refuerza la narrativa de que cualquier transformación política en Sudamérica debe ser controlada o desactivada para evitar el efecto contagio. El mensaje implícito es que la estabilidad regional solo es posible bajo la tutela de Washington. La excusa del combate al narcotráfico y el terrorismo, una vez más, es usada como excusa para intentar legitimar la vuelta a las agresiones militares del siglo XX. Nicolás Maduro, en Venezuela, y Gustavo Petro, en Colombia, son hoy el principal blanco de esta ofensiva. 

Sin embargo, aunque parezca contraintuitivo, la agresividad del trumpismo es también expresión de debilidad. Estados Unidos ya no puede sostener un liderazgo internacional sobre la base del consenso. Su credibilidad global está deteriorada, su política exterior ha perdido continuidad y su autoridad moral se ha erosionado frente a la opinión pública mundial. Trump dinamita todas las instituciones del orden multilateral que Estados Unidos viene construyendo hace décadas. 

Estados Unidos ya no puede sostener un liderazgo internacional sobre la base del consenso. Su credibilidad global está deteriorada, su política exterior ha perdido continuidad y su autoridad moral se ha erosionado frente a la opinión pública mundial.

En América Latina, esta pérdida de legitimidad se traduce en gobiernos y movimientos sociales que cuestionan abiertamente el rol histórico de Estados Unidos en la región y plantean la necesidad de construir modelos alternativos de inserción internacional.

La región enfrenta, sin embargo, desafíos complejos. El fin del ciclo de hegemonía estadounidense no garantiza automáticamente un proyecto de integración soberana o desarrollo autónomo. Existen tensiones internas, diferencias políticas, inestabilidades económicas y disputa entre modelos de país. Washington intenta aprovechar esas fracturas para reinsertarse mediante acuerdos bilaterales, políticas de seguridad y alianzas con elites locales que comparten la visión de subordinación histórica. Al mismo tiempo, China y otros actores no están exentos de intereses propios y sus proyectos también pueden profundizar la dependencia si no se los integra dentro de una estrategia latinoamericana de largo plazo.

Por eso, el desafío de Nuestra América consiste en construir un camino propio. Una estrategia latinoamericana. Ello implica fortalecer espacios de integración regional, recuperar la planificación del desarrollo, diversificar alianzas sin subordinación y apostar por una economía más industrial, inclusiva y tecnológicamente avanzada. La transición geopolítica en curso abre oportunidades inéditas, pero también exige claridad estratégica. Sin una intervención activa y consciente de las sociedades y gobiernos latinoamericanos, la región corre el riesgo de quedar atrapada entre la confrontación de potencias sin capacidad de orientar su propio destino. Hace 20 años, en la Cuarta Cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata, le dijimos NO al ALCA, el proyecto neoimperial que pretendía imponer Bush de Alaska a Tierra del Fuego. Ese rechazo permitió avanzar con una inédita coordinación y cooperación políticas e integración regional. Se crearon al ALBA-TCP, la Comunidad Sudamericana de Nacional, la UNASUR y la CELAC. Hoy en día hay mejores condiciones estructurales que hace dos décadas para retomar ese camino en post de la siempre postergada construcción de la Patria Grande. Pero hay que recrear las condiciones políticas. 

El regreso de Trump al escenario político evidencia que Estados Unidos continuará oscilando entre proyectos enfrentados porque la clase dominante estadounidense sigue fragmentada entre globalistas y americanistas-nacionalistas. Unos apuestan por sostener el liderazgo mundial mediante alianzas, cooperación limitada y diplomacia. Otros proponen recuperar el dominio perdido mediante coerción y supremacismo. La incertidumbre estadounidense se proyecta hacia la región, que debe prepararse para convivir con una potencia que ya no actúa desde la seguridad de la victoria, sino desde el temor al declive, con una agresividad e injerencismo desembozados que parecían cosas del pasado.

En síntesis, la agresividad de Trump en América Latina es el síntoma visible de una transición histórica. Estados Unidos sigue siendo una potencia militar, tecnológica y financiera de enorme peso, pero enfrenta límites crecientes que ya no puede ignorar. América Latina, por su parte, atraviesa el desafío de transformar el fin de una hegemonía en oportunidad para una inserción soberana en el mundo. El futuro no está escrito: dependerá de la disputa política, la capacidad de articulación regional y la determinación de los pueblos latinoamericanos para construir un proyecto propio y acorde con los desafíos del siglo XXI. 

miércoles, 3 de diciembre de 2025

jueves, 27 de noviembre de 2025

Diálogo temático Reconfiguraciones geopolíticas y multilateralismo: perspectivas desde el Sur global (CLACSO)

 


Diálogo Horizontes del Pensamiento Crítico y Transformador


Jueves 4 de diciembre | Modalidad virtual

15.00 hs México
17.00 hs Bolivia
18.00 hs Argentina/Brasil/Uruguay/Paraguay

CLACSO: Presentación de sus ejes estratégicos 2025-2028

Palabras de apertura:
Pablo Vommaro (Director Ejecutivo de CLACSO)

Moderan:
Nora Goren (CLACSO/UNPAZ)                
Gloria Amézquita Puntiel (CLACSO)

 

Diálogo temático Reconfiguraciones geopolíticas y multilateralismo: perspectivas desde el Sur global

Dialogan:
Álvaro García Linera (UMSA – Bolivia), Fernando Buen Abad (UICOM – México / REDH), Mónica Bruckmann (UFRJ – Brasil), Gerardo Caetano (UDELAR – Uruguay), Maribel Aponte (UPR – Puerto Rico), Leticia Calderón Chelis (Inst.Mora – México), Gabriel Merino (UNLP / CONICET – Argentina), Daniela Perrotta (UNA / UBA-CONICET

Coordinan:
Darío Salinas (Univ. Iberoamericana/México/REDH)                    
Leandro Morgenfeld (UBA / CONICET – Argentina)

Participan los Grupos de Trabajo CLACSO China y el mapa del poder mundial; Crisis, respuestas y alternativas en el Gran Caribe; ¿Qué trabajo para qué futuro?; Geopolítica, integración regional y sistema mundial; Estudios sobre Estados Unidos, y Propuestas para la integración regional

Organiza: CLACSO 

 Inscripción previa en el siguiente formulario

 

 

jueves, 20 de noviembre de 2025

¡Batalla de Ideas cumple 10 años!

 


 

¡Batalla de Ideas cumple 10 años!

Durante una década, hemos trabajado con amor y compromiso para promover la circulación de obras y debates críticos, feministas y populares en América Latina y el Caribe.

Acompañanos a celebrar 👇🏽

●CONVERSATORIO:
"La Batalla de Ideas y la cultura en una América Latina en disputa" 📚

•Claudio Katz: Economista, escritor, profesor en la Universidad de Buenos Aires (UBA), investigador del CONICET.
•Leandro Morgenfeld: Historiador, escritor, investigador del CONICET 
•Paula Diaz: Distribuidora Herramientas, distribución de editoriales independientes.
•Florencia Abregu: Periodista, integrante de Alba Movimientos.
Modera: 
•Daniela Ruggeri: Equipo de arte del Instituto Tricontinental, maquetadora y creadora del arte de tapa de Batalla de Ideas. 

●Música en vivo 🎶 
A cargo de: 
Mariano Martines (Canciones con Alma)
JP Luca (400 Mood)

●Sorteos para los presentes 🎁 
Y más!!

Te esperamos este sábado 22 en Esquina América Chacabuco 110, Caba

martes, 18 de noviembre de 2025

Las consecuencias para Argentina del acuerdo con Estados Unidos.


 

Las consecuencias para Argentina del acuerdo con Estados Unidos.

Entrevista a Leandro Morgenfeld en Canal Abierto, 18 de noviembre de 2025
 
 

Redacción Canal Abierto | En un mundo que vuelve a tener dos hegemones en disputa, el acuerdo con Estados Unidos nos alinea en un lado del mundo, con consecuencias inciertas. Para conversar sobre las implicancias para Argentina, y el panorama internacional hablamos con Leandro Morgenfeld, historiador y autor de «Nuestra América, Estados Unidos y China».

Sobre el principio de acuerdo marco

📍 “El gobierno argentino lo quiere vender como un acuerdo, como una negociación, pero esto es más bien una imposición. Es un pacto casi neocolonial, si lo podemos llamar pacto. Más bien fue que al canciller Quirno, le dijeron, `firme acá´. Y, para el que no sigue estos temas, hay muchas cuestiones técnicas, mucha opacidad”.

📍 “En realidad, es un marco acuerdo de una cosa que todavía no se firmó. Además, según nuestra Constitución, en varios de los puntos debe pasar por el Congreso. Esto es importante decirlo, porque  lo quieren mostrar como un hecho consumado, pero no lo es”.

Alineamiento internacional

📍 “Hace 2 años, Argentina era un participante activo, junto con México y Brasil, en el G20. En la cumbre de Johannesburgo, también había logrado ser incorporado en el BRICS+ a partir de una gestión que había hecho Lula y otros gobiernos. Iba a ser el segundo país latinoamericano en ese club, que hoy es geopolíticamente y desde el punto de vista de su PBI y a la par del poder adquisitivo, más importante que el G7, por ejemplo. Argentina es parte del Mercosur, que en los últimos años había habido un proceso de ampliación de la CELAC”.

📍“Milei le da la espalda a todo eso y anuncia Estados Unidos, sólo en inglés, es un dato simbólico, pero importante también, este acuerdo marco ¿junto a quiénes? A El Salvador, Guatemala y Ecuador. Esa es la liga en la que está jugando ahora Argentina. Muy lejos de América Latina”.

“Son países que están con gobiernos, tres por lo menos de ellos con gobiernos sí de ultra derecha alineados con el gobierno de Estados Unidos que son muy reacios a todos los mecanismos de cooperación y coordinación política a nivel latinoamericano. Además son tres países tomados por el narco y que no tienen ninguna capacidad industrial comparable con la Argentina. Bueno, ahí nos lleva a Argentina, que es parte del G20, como decíamos, y es la tercera economía de América Latina y el Caribe”.

La venganza por el No

📍“El anuncio se da justo una semana después de que celebramos los 20 años del NO AL ALCA. Esto simbólicamente también es muy importante. Estados Unidos todavía no se recupera de ese golpe. El NO AL ALCA fue muy importante, fue una construcción de la resistencia de ese proyecto imperial de Estados Unidos que hicimos por abajo y por arriba y que duró muchísimos años”.

“El canciller Quirno, al día siguiente de que anunciaron este entendimiento, en una entrevista se refirió al NO AL ALCA y como `esta traición´. Dijo que lo que le hicimos a Bush para él es una traición que no se le hace ni al peor enemigo. O sea, el propio canciller argentino estaba diciendo que este acto de sumisión neocolonial que está haciendo el gobierno de Milei, es una suerte de compensación por lo que fue el NO AL ALCA”.

 

El contexto internacional

📍“Trump se muestra como un Estados Unidos todopoderoso que va a disciplinar a todo el mundo y que va a disciplinar a América Latina. Hoy estamos en un proceso de transición hegemónica a nivel mundial donde lo que hay es una aceleración del declive relativo de Estados Unidos. Trump es una expresión de eso, de hecho él lo asumió el 20 enero de este año y dijo, `Voy a ponerle fin a ese declive´”.

📍“Lo que tenemos en todo, incluso en el enfrentamiento que tiene con China, con Rusia y otros actores, es que Trump no está logrando imponer sus objetivos. Lo que sí está haciendo es rescostándose muy violentamente sobre el hemisferio occidental, o sea, América Latina y el Caribe, lo que ellos defectivamente llaman el patio trasero. Eso es lo que está en juego, pero tenemos un mundo mucho más multipolarxz”.

“ Hace 20 años le dijimos no al ALCA, construimos las condiciones políticas por abajo y por arriba para enfrentarlo, pero Estados Unidos era mucho más fuerte que lo que es ahora. Hoy hay mejores condiciones estructurales a nivel global para frenar este proceso de ofensiva de Estados Unidos, que es muy virulento en nuestra América y poder ser uno más de esos polos emergentes que hay a nivel global en un mundo más multipolar”.

Estados Unidos, asuntos internos

📍“Trump se vende hacia fuera y hacia dentro como un tipo omnipotente, casi como un monarca. Tiene mucho más poder interno que el que tenía hace 8 años cuando inició su primera presidencia, porque ahora controla la Corte Suprema, controla el partido, controla ambas cámaras, se cargó a los principales directivos de los medios de comunicación que eran críticos, es un tipo que acumula un poder. Sin embargo, desde que empezó esta segunda presidencia, las protestas son enormes”.

📍“Bernie Sanders y Alejandro Cacio Cortés, el sector de los socialistas democráticos, que dan la pelea dentro del Partido Demócrata, pero son un sector específico, vienen haciendo durante todo el año alguno de los actos más grandes de toda la historia. Algunos mucho más fuertes incluso que los de las dos candidaturas de Bernie Sanders”.

📍“Hubo tres grandes movilizaciones, las últimas dos con la consigna no kings, no queremos reyes. La última hace pocas semanas, varios millones de personas en 2700 ciudades. El alcalde de Chicago ante 300.000 personas, dijo, `Tenemos que ir una huelga general contra el gobierno de Trump´. Y hace dos semanas ganó Mamdani, que es el candidato de este sector de los socialistas democráticos, nada menos que la ciudad de Nueva York, la más rica, la más poblada y donde surgió el Trumpismo. Arrasó entre los jóvenes y arrasó entre todas las minorías a pesar de tener el establishment de ambos partidos en contra”.

📍“El tipo que arrasó en las elecciones va a asumir el primero de enero con una agenda y una política de propuestas que no son como el  teorema de Baglini en Argentina, en la que decía esto y después va esmerilando las propuestas para hacerme de centro. El tipo mantiene lo que dijo en la campaña. Está hablando de los problemas de la gente. Es un musulmán que nació en África y va a gobernar la ciudad más rica de Estados Unidos”.

Mira la entrevista completa en Agenda propia, un programa producido por Canal Abierto que aborda la coyuntura disputando el sentido de la agenda.

sábado, 15 de noviembre de 2025

martes, 11 de noviembre de 2025

Leandro Morgenfeld en NODAL TV sobre el triunfo de Zohran Mamdani y la policrisis en Estados Unidos


 

Entrevista a Leandro Morgenfeld en NODAL TV sobre el triunfo de Zohran Mamdani, la policrisis en Estados Unidos y su impacto en América Latina y el Caribe. 11 de noviembre de 2025

domingo, 9 de noviembre de 2025

jueves, 6 de noviembre de 2025

"Hace 20 años, el ‘NO al ALCA’ fue un hito. Ese ‘no’ permitió muchos otros ‘sí’"", dijo Morgenfeld

 



miércoles, 5 de noviembre de 2025

LEANDRO MORGENFELD: “ES UNA ELECCIÓN HISTÓRICA”

 

LEANDRO MORGENFELD: “ES UNA ELECCIÓN HISTÓRICA”
INTERNACIONALES

LEANDRO MORGENFELD: “ES UNA ELECCIÓN HISTÓRICA”

Por MARGARITA TORRES / Radio Provincia AM1270, 5 de November, 2025
El historiador e investigador del CONICET habló de la victoria de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York.

En diálogo con El Repaso, por Radio Provincia, dijo que “es una elección histórica, la participación más alta desde 1969. Es un hombre muy joven, que viene de los socialistas democráticos de América como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez".

Además, el hecho cobra otra significación por haberse impuesto “en la ciudad más rica de Estados Unidos, de donde surgió Trump” y porque “arrasó entre los jóvenes. En elecciones no obligatorias logró que 100 mil voluntarios hicieran una campaña austera que ganó en primera vuelta”.

El entrevistado afirmó que el nuevo alcalde eligió “hablar de lo que le importa a la gente: el costo de vida, de los alquileres, lo caro que es el transporte público, las madres que no tienen donde dejar a sus hijos y propone guarderías hasta los 3 años”.

Para ello, “propone un sistema de supermercados públicos que abarate el costo de los alimentos en la ciudad más rica” de Estados Unidos. “Después se verá qué es lo que puede hacer, le faltan varias semanas para asumir, pero tiene un proyecto de cobrar un impuesto para que ganen más de UDS 1 millón anuales y otro para las grandes corporaciones” que le permitirían financiar sus iniciativas.

Escuchá la entrevista:

Entrevista a Morgenfeld en Radio 10 sobre el histórico triunfo de Zohran Mamdani en NY, la derrota de Trump y el impacto en EEUU y la Argentina


 

Leandro Morgenfeld | Historiador. Profesor de la UBA. Investigador CONICET #NSD

Entrevista en "No se desesperen", Radio10, 5 de noviembre de 2025 

 

martes, 4 de noviembre de 2025

Convocatoria! Mesa 64 Interescuelas: "Historia de las relaciones internacionales, de la integración regional y de la política exterior en América Latina, desde las independencias hasta la actualidad"

 


 

ORGANIZA: DEPARTAMENTO DE HISTORIA – FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS – UNIVERSIDAD NACIONAL DE RÍO CUARTO
CRONOGRAMA y MESAS APROBADAS


El Departamento de Historia de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Río Cuarto invita apresentar resúmenes para las mesas de las XX Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia que serealizarán en la ciudad de Río Cuarto, entre el 23 y el 26 de septiembre de 2026.
 

- CRONOGRAMA DE FECHAS
 

1. PRESENTACIÓN DE RESÚMENES
Desde el 1 de noviembre de 2025 al 9 de febrero de 2026.
 

2. ACEPTACIÓN DE LOS RESÚMENES POR PARTE DE LOS
COORDINADORES DE MESA(y comunicación a los interesados y a la Comisión Organizadora de la aceptación o rechazo de los resúmenes por parte de los coordinadores).
Hasta el 2 de marzo de 2026.

 

MESA 64

Historia de las relaciones internacionales, de la integración regional y de la política exterior en América Latina, desde las independencias hasta la actualidad
 

 Coordinadores:

Julián Kan (IDEHESI - CONICET / UNSAM / UBA)
Leandro Morgenfeld (CONICET – UBA)
Alejandro Simonoff (UNLP)

Enviar los resúmenes a:
kanjulian76@yahoo.com.ar leandromorgenfeld@hotmail.com asimonoff2010@gmail.com

lunes, 27 de octubre de 2025

Historia y actualidad de las relaciones EEUU-Argentina. Entrevista a Leandro Morgenfeld en "Ningún cuento", viBraTV


Leandro Morgenfeld: Historiador, investigador del Conicet y especialista en la relación entre Argentina y Estados Unidos, Meet Científico, "Ningún cuento", viBraTV


domingo, 26 de octubre de 2025

Argentina vota con un Milei abrazado a la Casa Blanca: “Peor es depender de China”

 

Argentina vota con un Milei abrazado a la Casa Blanca: “Peor es depender de China”

El inédito rescate financiero de EE UU irrumpe, a las puertas de los comicios legislativos, en una sociedad hastiada de las crisis económicas.

Javier Lorca, El País de España, 26/10/2025